Este proyecto pretende denunciar las grabaciones ilegales realizadas con dispositivos móviles o cámaras espía que violan la intimidad de las mujeres en espacios públicos. Mi trabajo surge de una experiencia personal que tuvo lugar en el probador de una conocida cadena textil. Alguien decidió grabarme mientras me probaba ropa.
La búsqueda incesante de un vídeo o una foto donde apareciera dicha grabación, me llevó a ser consciente de la cantidad de mujeres -menores en un alto porcentaje- que a diario son grabadas sin su consentimiento para a posteriori colgar esas imágenes en la pestaña probadores de cualquier página porno.
Las imágenes que muestro en este proyecto son fotografías obtenidas durante las diferentes búsquedas (con la ayuda de detectores especiales para localizar este tipo de aparatos y apps específicas) de cámaras ocultas en los lugares por los que transito a diario. Este tipo de grabaciones no solo son realizadas en tiendas de ropa, los medios de transporte, baños públicos, las habitaciones de hotel, el vestuario de un gimnasio y un larguísimo etcétera, se convierten en el escenario idóneo para traspasar la línea de privacidad ajena.
Nos encontramos ante el fruto de la unión desafortunada entre una tecnología que se desarrolla muy rápido, una cultura que evoluciona lentamente y una industria pornográfica que se embolsa miles de millones cada año a costa de la violación de la intimidad de mujeres anónimas.










